
Trozos de un café roto cerca de mi vaso, pasaba el rato mientras venias, pensando en tí, ansiando el momento de echarnos a volar. Pago 1,30€ por el café, la amargura de la espera, pero al final apareces, abres esa fría puerta del bar y me encuentras.
Salimos a la calle, y Madrid nos dice que nos quiere, la Gran Vía respira humo de mi cigarrillo, mientras mi mano izquierda agarra tu cintura... me miras, y sonríes, y yo no sé donde meterme.
Los pasos se hacen interminables, el metro nos transporta hasta mi piso, mientras la señora del vagon nos avisa que ya estamos cerca. Una vez en La Elipa, Torrespaña nos da las buenas noches con sus luces. Por Marqués de Corberá, sirenas de emergencia corren salvando vidas, mientras la mia cada vez es mas alucinante junto a tí...
Abro la puerta de casa, y la música sigue puesta (Quique siempre está en los momentos clave) Como de costumbre me olvidé de apagar la luz de la cocina, en la mesa del salón, dos copas de vino, ¿te sirvo? -Si, por favor! Dos velas que apremio a encender, y junto a mí una chica que me hace volar... bajo la intensidad de la luz, la ciudad me recuerda que eres genial, y sin esperarmelo, me regalas uno de tus besos...
Quizas algun día pueda escribirlo de verdad... ¿Vienes?