Apuro otra calada de mi cigarrillo, mientras la amargura del café va llenando temporalmente el vacío del corazón. Al parecer está roto... En mis pensamientos, como de costumbre, otro puñado de basura romántica... La gente pasa indiferente tras el cristal. No me importan. El termómetro tampoco dice nada nuevo, hace frío.Salgo a la calle, Madrid parece dormido y acojedor. La Gran Vía me acompaña mientras voy derramando mis sueños en cada paso, intentando retener sensaciones que hace ya tiempo destrocé y que tanto me cuesta conseguir. En mi camino varios labios se me cruzan sonrientes, enamorados, condenados a ser acosados por la duda de su belleza...
El olvido hace mella, y vuelve a reventar la paz de mis entrañas dibujando tu figura, recordandome tu tacto y esa sonrisa que inconscientemente crea en mí una sensacion amorosa, que créeme es muy costosa de superar. Supongo que nunca te habrás planteado cómo una persona como tú hace que me sienta tan amargamente insatisfecho por no tenerte...
Empieza a llover y mis emociones buscan refugio en un bar, hospital de las lamentaciones. Pido un café, remuevo el azucar con lentitud mientras quedo sumergido en la amargura, me regalo un cigarrillo, lo enciendo, le doy una calada...y de nuevo apareces.
La inmensidad de la noche ha caído y las estrellas tiritan recelosas, pero créeme princesa, todo esto no es suficiente para que deje de quererte ahora... Pues lo que llevo dentro es aún más fuerte que el amor.