Mírame a la cara y no ceses el contacto visual. Mis ojos están curvos, mi sonrisa meditada, y mis orejas en posición atenta. ¿Te parezco asustado? Claro que no, porque no lo estoy. Magullado y malherido, pero mi sonrisa genera miedo, tu miedo.
No hay nada que me asuste, no hay nada a lo que no pueda enfrentarme, y quizás ganar. No lo pienses, olvídalo, ya pasó, y aunque su recuerdo es latente, ganaste la batalla, que tus cicatrices sean las medallas que espanten al miedo.
Ahora, debemos centrarnos en el camino, escogerlo y dedicarnos a él por completo. No permitas que tus ganas se apaguen, vuela libre, que tu vida no se pause cada mes, y sonríe, que es el arma más potente y lo que más asusta.
No hay nada que no podamos conseguir. Ni el miedo se atreve con la risa. Vamos a reírnos, porque mientras que lees esto, ya te hemos ganado.
