miércoles, 1 de junio de 2016

LOS COJONES SON DEL CORAZÓN

Te Recuerdo, un montón de cigarrillos fumados en los bajos de un jardín de un edificio de oficinas al norte de Madrid. Yo envenenado con cuatro letras sin antídoto. Mucho café en el bar de Luis. Mirar por la ventana una y otra vez sin sentido. Buscarte en redes sociales para ver tu foto, y guardarla. Tener miedo, sudar y andar como un auténtico psicópata de un lado a otro. Volver a bajar al jardín, a fumar, a mirar tu foto y a beber más café. Como un quinceañero, en esos días mi corazón era un motor revolucionado, era capaz de cualquier cosa. Ya estaba todo perdido y yo lo sabía, y en el fondo me gustaba esa sensación. Eras una hoguera apagada que el aire acababa de avivar.

Te Siento, era plenamente consciente de lo que iba a pasar, y disfrutaba los minutos tanto como me angustiaban. La razón me gritaba y soltaba por la boca frases sensatas para intentar tapar emociones y controlar los impulsos, a sabiendas de que el corazón no las escuchaba, ya no atendía a razones ni a convicciones sociales. Las cosas como son, la razón es cobarde y aquí el único que tiene los cojones bien puestos es el corazón. Fui capaz de sumergirme en un caos emocional que sólo tenia tu nombre por salida. Nunca me arrugué por miedo, aunque sentía a la vez una liberación enorme al darme cuenta de que estaba viviendo por y para mi. Sentí aquellos días, con total seguridad como los más humanamente viscerales de mi vida, sin condicionarme a nada, solo atendiendo a impulsos emocionales, ni escuchaba, ni era yo en el trabajo. Tenía un objetivo y gastaba todas mis fuerzas en ti, no había nada más. Te habías colado hasta el tuétano y fue el recuerdo que me dejaste hace tantos años el que hizo todo el trabajo, yo era una marioneta, un trozo de carne con una fuerza incalculable en forma de sentimientos. Todas mis acciones estaban subordinadas por cosas que no se ven, no se tocan, no huelen, no tienen colores, ni formas, yo estaba completamente sometido a todo lo que no se ve.

Te Tengo, como fiel compañera de mis días, una persona con la que comparto una vida que siempre dí por perdida. Caminas conmigo, de la mano, y juntos nos levantamos de las caídas. Estamos construyendo una historia llena de incógnitas, pero felizmente construida con ladrillos que no se tuercen, no hay ausencias, no hay carencias. Perfilo mi felicidad con tus sonrisas, y no puedo evitar sonreír, quiero sonreír, y sonrío. No tengo miedo a tus miedos, y sabemos que hay muchas personas ahí fuera, que el amor construye imperios, que no estamos solos, que otras historias se forjarán, y alzarán sus banderas, pero que nosotros ya hemos empezado a construir la nuestra, la historia de un equipo, un regalo felizmente envuelto con tu cuerpo.

Títeres, quiero que siempre seamos títeres a merced de todo lo que no se ve, lo que de verdad importa.