¿Quién mueve los hilos para que los colores no se mezclen en el horizonte? ¿Quién cocina con leña nuestros enfados? ¿Quién es capaz de delatarnos en Madrid? ¿Quién apaga las luces los domingos? ¿Quién es conocedor de nuestro futuro y por qué no mira el reloj? Ya es hora de dar el salto.
Recorrer tu espalda con mis manos no es casualidad. Andar de puntillas y con los pies cruzados por encima del miedo, tampoco. Los días pasan y lo importante va cogiendo forma, todo llega.
Y solo tengo un camino que andar, en el que estoy, el único que quiero. Correré pisando charcos y lloviendo, dejando empapar mis pies con barro. Dejaré arder mis dedos con tus sueños, viajaremos lejos sobre las nubes y te vestiré con plata el corazón cuando estés de espaldas al agua donde algunos deseos se transforman en realidad. En aquel lugar, donde los sueños son inconfesables...
