martes, 13 de octubre de 2015

SI ME DEJAS MORDER (TE) DOY UNA PISTA

Una de esas noches de líos entre gatos y hadas escribiste que aun quedaban muchas azoteas por recorrer, y qué razón llevabas. Fue una noche en la que dejamos que las estrellas que no se ven en Madrid cayeran y se estamparan contra el asfalto, despedazándose en el acto y siendo imposible coger una para llevárnosla y que iluminara nuestras madrugadas para no perdernos en las calles oscuras, pero no supimos querer hacerlo.

Dentro de cuatro días nos subiremos de nuevo a una azotea (y todavía no lo sabes), pero será lejos, para que no nos moleste nadie. Es un lugar donde es posible llevar un poco de libertad guardada en el bolsillo y donde al tiempo le duele siempre la cabeza. Allí, veremos anochecer (no atardecer) mientas el sol se va recostando en la cama y sólo entonces se mezclarán con un café el naranja intenso del horizonte con el marrón otoño de tus ojos. Y si tengo suerte, no te olvidarás esa sonrisa de niña feliz en Madrid, y la liberarás en ese preciso instante.

Dejaremos que suban los intensos olores desde las calles, mientras las luces se encienden ahí abajo, y si vemos caer alguna estrella de camino a casa, la recogeremos sin problema, porque caerá sobre la arena, y con ella no nos perderemos por las oscuras calles, y sentiremos la magia de las mil y una noches bailando entre nuestras piernas...