Cuentan los caminos, que las leyendas son la huella del paso del tiempo sobre las historias cotidianas y la mezcla del sobretiempo de soñadores y desgastadores de sesera. De longevos pastores que guiando sus rebaños, entrelazan ratos de sol, con el silencio que cubre los pinos y clarea el cielo de azul desde lo alto de las montañas.
Cuentan, que un alto en el camino es más que un rato de placer, sentarse y respirar lo que otros no quieren, pervertir la imaginación con el horizonte, y liberar sentidos que creemos atrofiados. Es permitirse el lujo de jugar con la libertad, que a menudo creemos nuestra y con límites definidos, pero cierto es, que nos equivocamos.
