Pasa el día, y según con quien lo comentes, lo ves con una perspectiva diferente, como si adquiriera un tono más vivo si se me permite la expresión. Pues no elige uno al azar con quién compartir un cigarrillo, ni mucho menos al compañero de trinchera. Hay que saber de qué piel estamos hecho cada uno, y si somos suaves o cortamos. Si hablamos de contarnos experiencias con las que hemos hecho callo, ni que decir queda.
El tiempo corre que se las pela, casi más que nosotros, y atrás vamos dejando camino. Como buenos galgos, cada uno llevamos nuestro collar, y mantenemos arriba el ánimo, que así nos han hecho y no hay por qué ocultarlo. Y casi sin darme cuenta, ha pasado un buen rato entre historias y anécdotas que disfruto, pues al buen orador, los fieles se le arriman.
