Cae la tarde, las urracas gritan cruzando el cielo, y los gorriones dan saltitos en la arena, picando pan junto a la puerta de entrada mientras el aire les remueve las plumas. A mi llegada, salen volando despavoridos. El sauce que preside el lugar ondea al viento sus ramas, y el ciprés de dentro se muestra hierático ante mi presencia. El silencio reina el lugar, y a mi alrededor, letras talladas para resistir el tiempo, hitos del pasado y viejas historias de guerras y agujeros de bala tras las tapias del lugar. La sensación de ser polvo, y querer convertirme en él, cerrar los ojos y ser capaz de sentir y recordar, hasta llorar.
Me siento junto a ti, y paso la palma de mi mano sobre tu nombre. La presión me revienta las entrañas y rompo a llorar. Y son esas lágrimas, las que lejos de dolerme, sanan mi angustia, sanan tu ausencia y son capaces de que sonría mientras caen sobre el mármol, porque son tuyas mis sonrisas y te las debo todas. Giro la cabeza para recomponerme, como si me estuvieras viendo, y observo las hojas secas rodando por los pasillos y chocando contra las piedras.
Desconecto por un instante, y vienen a mi tus recuerdos, tus historias, las que me siempre me contabas tras aquellas murallas, en aquella casa baja, y por aquellas calles en las que me crié. Soy capaz de recordarte de una forma extraordinaria, tu forma de mirarme, de sonreírme, incluso hasta el olor de tu ropa. Tu cariño, tu forma de recibirme cuando iba a verte, tu simpatía y hasta las arrugas que el tiempo te marcó en la cara. Tu voz la tengo tan guardada que juraría que podría olvidar antes mi nombre.
Respiro hondo y la tranquilidad del lugar me ayuda a serenarme. Me inclino hacia ti y beso el mármol que te guarda, a sabiendas de que sin servirme de consuelo, es lo que creo correcto. A la par, el anaranjado sol del otoño se cuela entre las lápidas, iluminando tardío los lechos, y los pájaros de la entrada vuelven a picar pan. El ciprés parece ahora más triste y dispuesto a honrar una tarde más el camposanto con su noble presencia, mientras, abandono el lugar, confiando en lo que has sido, y lo que me has dejado. Nos volveremos a ver, pero aún no.
