martes, 14 de enero de 2014

Predicciones liberales

Amagos de músicos, que tras coronar la lista de los 40 principales, serán olvidados y dejarán sus canciones de taladrar yunques, martillos y estribos. Edificios que tras rascar los cielos, caerán derruidos por su infructífero afán de concentrar dinero entre plantas. Taxistas que recorren como abejas enfurecidas las calles de Madrid en un día de lluvia, volverán a casa con las manos vacías. Jóvenes, que con más formación que cualquiera de nuestros ¿líderes? políticos, acabarán inflando la lista del paro con un número de referencia más. 

Libros, que no enseñan lo que deberían, y acaban encendiendo fallas quinceañeras. Trabajos que llenan el alma y espíritu, pero que destacan por su ausencia en el tablón de "se busca". Barrios que han hecho historia por sus personajes que habitan. Estadios, que son templos, y personas que juntan fuerzas. Malos, que saben cómo acaba la película, pero siguen luchando contra el guaperas de turno. 

En repetidas ocasiones, me sorprende cómo entendemos que debemos ejecutar cada acto, cada movimiento, nuestra próxima decisión como si de verdad conociéramos lo que va a pasar, y lo damos por hecho. Somos libres de pensamiento, pero el mundo está encadenado. Cada vez, me creo más la teoría de que el futuro está escrito, y somos peones, al gusto de unas manos que ni entendemos, ni conocemos, y desde nuestra posición podemos ver las posibles jugadas. Esa es nuestra libertad, la jugada inmediata. Pero definitivamente, no somos conscientes del juego, ni de sus normas.