Pueblos que se olvidan al norte del mapa, tras lo abrupto de la Sierra madrileña y lo ancho de Castilla. Lugares que nunca debieron olvidarse, pues son hoy la desgracia de nuestra memoria. El malvivir de los tiempos pasados, y el recuerdo que jamás debimos olvidar.
Los cayos que se hicieron, las heridas en las piernas y la hambruna que vivieron sus habitantes, nuestros antepasados, es hoy el horror de nuestra indiferencia. Por ello, Renedo de Esgueva ha sido parte de mi visita esta vez, aunque ya nada pueda recuperar más que tu nombre y el lugar donde creciste, querida tatarabuela, hoy, he respirado en tus calles, he paseado por tus rincones, y quién sabe si nuestras almas no se habrán encontrado frente a alguna vieja cerradura, al cobijo de un viejo portón de madera.